Tras la creación, Dios contempla afligido que la humanidad es toda violencia y corrupción, así que encomienda a Noé, el más decente entre sus súbditos, que construya un arca de ciprés y embarque en ella una pareja de cada especie, pues un diluvio universal…
¡Un momento! Ésa es la historia tal y como la conocíamos, pero König tiene otra versión del asunto. ¿Y si Noé no era un anciano venerable sino un insurgente dispuesto a proponer el fin del mundo? ¿Y si Dios se jubiló y ahora es cosa nuestra?





